viernes, octubre 07, 2005

El Brillo de lo Inútil
Hacer brillar lo inútil es la cuerda sensible del arte que nos agrupa.
El desgarro autoerótico, la pujanza de una muerte anunciada o el transcurrir repetitivo de una existencia sin esperanzas encuentran a veces una forma de decirse que lejos de ahondar el padecer, libera, hace un hoyo en la pared siniestra. Un hoyo que da el marco para ver hacia el recinto perdido. Un adentro y un afuera que el pincel o el martillo delimitan y que el lápiz relata.
La destrucción, la sangre suelta y los cuerpos ardientes o descoyuntados se ubican en una perspectiva que hace visible el engaño con una nueva ilusión.
La danza, que se desprende automática y plástica, del ronroneo de los cañones o los llantos, esa danza recupera el don y lo cede a quién toca en su contagio.
Amasados en siglos de artes diversos, somos todavía deudores de Dionisios y de Apolo y allí encontramos la arquitectura de nuestro afecto.
El psicoanálisis tiene para nosotros esa arquitectura: la del matema y el poema; oscila o se clava en un giro del destino traduciendo su poesía.
Estamos entramados con la inutilidad de mil dichos. De pronto, uno brilla y hace de su inutilidad la punta de un deseo no calculable, no científico. Hace estrago en la mente torturada por no ser apolínea, reflejando la luz del chispazo metafórico en su discurrir.
Chispazos que a la larga encienden la causa vital y hacen de la creación un vínculo.

Guillermo Vilela ( escrito para la presentación de la primera Jornada realizada en junio 2001)